miércoles, 18 de enero de 2012

Ex detenida en Villa Grimaldi: "Para los torturadores las mujeres éramos prostitutas"


  • "Así como ahora las niñas de los liceos son prostitutas y tales por cuales" para el alcalde de Ñuñoa, Pedro Sabat, añadió.
  • En Cooperativa, Nubia Becker comentó la experiencia plasmada en su libro "Una mujer en Villa Grimaldi".


Para los represores y torturadores durante la época de la dictadura, las mujeres eran "prostitutas", "lo peor de la sociedad", y por lo mismo, "doblemente castigadas y abusadas". Así lo dijo este miércoles en conversación con Una Nueva Mañana la escritora y ex militante del MIR, Nubia Becker.

La ex presa política acaba de lanzar Una mujer en Villa Grimaldi, reedición del libro Recuerdos de una mirista, publicado originalmente en 1976 bajo el seudónimo de "Carmen Rojas", en el que narra sus experiencias como víctima de violaciones a los derechos humanos tras haber caído, "como mucha otra gente, detenida por un comando de la DINA del cual era jefe Miguel Krassnoff".

"Ser mujer era más doloroso, porque nosotros ahí sufríamos de una manera exacerbada el machismo. El machismo con autoritarismo es la peor de las torturas que puede sufrir una mujer. Para ellos nosotros éramos prostitutas, así como ahora las niñas de los liceos son prostitutas y tales por cuales" para el alcalde de Ñuñoa, Pedro Sabat, señaló.

"Nosotros para ellos (los torturadores) éramos eso: unas prostitutas, porque nos habíamos metido en política, o sea, en un área que era para hombres. Eramos desnaturalizadas por la política, y entonces éramos doblemente castigadas, doblemente abusadas. Eramos lo peor de la sociedad para ellos, y satanizadas por el hecho de ser 'mujeres sueltas'" en su concepción.

Esto exponía a las presas mujeres a "sufrir permanente agresiones sexuales, porque era una especie de castigo. Algo que para muchos es un motivo de placer o de amor, allá eran un motivo de humillación, de tortura", dijo Becker, subrayando que "hubo violaciones" numerosas a mujeres y, aunque ella no lo sufrió, señaló haber "escuchado a prisioneras hablar de abusos" cometidos utilizando hasta ratones y perros.

EL MENSAJE ERA "NADIE ESTÁ A SALVO"

Becker recordó como uno de los momentos más duros de su cautiverio cuando, "estando en un campamento de prisioneros en Pirque, donde nos habían llevado, vimos la noticia de que muchos de los compañeros que habían pasado por la Villa Grimaldi y en diferentes lugares de reclusión y exterminio, aparecían como 'ratas' matándose en Argentina [Nota de la redacción: titular del diario La Segunda del 24 de julio de 1975], porque fue la primera vez que, como prisioneros de la dictadura, nos dimos cuenta de que había desaparecidos y que estaban armando un aparataje para poder zafarse de los desaparecidos".

Otro hecho que "desarmaba" a los presos era que la política de desaparición "no tenía logica", y no parecía haber motivos objetivos que hubieran determinado "por qué a unos sí y a otros no. El mensaje de los torturadores era, entonces, que 'nadie esta a salvo'"; a cualquiera le podía pasar lo mismo.

La escritora indicó que el sentido de su obra responde "a la necesidad urgente de que los hechos no se olviden; no sólo por el hecho de la tortura y de la falta de humanidad con que fuimos tratados, sino porque (esto) fue la base sobre la cual se transformó esta sociedad, y por eso creo que tiene un trasfondo político, económico y social que todavía no termina de asimilarse, porque de alguna manera eso se naturalizó".



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